Las Ruinas Jesuíticas están constituidas por los vestigios de las órdenes jesuíticas que se establecieron en el Noreste argentino en la provincia de Misiones.

Estas Ruinas Jesuíticas emergen de la selva misionera y están constituidas por las Ruinas de San Ignacio Miní, las Ruinas de Nuestra Señora de la Candelaria, las Ruinas de Santa Ana, las Ruinas de la Misión de Nuestra Señora de Loreto y las Ruinas de Santa María la Mayor.

La Orden de la Compañía de Jesús inició sus misiones entre las poblaciones originarias guaraníes situadas en la provincia de Misiones en el siglo XVII y un siglo después fueron expulsados por razones políticas por la Corona Española. El objetivo de estas incursiones era la evangelización pacífica en plena dominación española. Los jesuitas difundían la fe cristiana, la lengua castellana, un sistema económico independiente basada en la agricultura y en la ganadería, el trueque, el trabajo metalúrgico y el desarrollo del arte guaraní.

Su instauración data del siglo XVII y aunque se hubo extendido a los países vecinos de Paraguay y Brasil, la mayor concentración de órdenes evangelizadoras se sitúa en el territorio argentino.

Más sobre las Ruinas Jesuíticas de San Ignacio Miní

Las Ruinas de San Ignacio de Miní son las más renombradas y cuentan con el Centro de Interpretación y Recreación Jesuítico-Guaraní, una suerte de museo que da a conocer la historia de la región en la época colonial y el trabajo efectuado por los religiosos de San Ignacio.

Estas ruinas se ubican en el actual pueblo de nombre homónimo. Junto con la reducción de Nuestra Señora de Loreto resistieron el ataque de agrupaciones portuguesas. Este hecho obligó a relocalizarlos en pos de proteger no sólo a sus religiosos sino también a los nativos. Su arquitectura destaca las influencias de la época y de los guaraníes, constituyendo un nuevo estilo llamado Barroco Guaraní. Además, estas reducciones fueron escenario de la célebre película “La Misión”.

Por su parte, el establecimiento de Nuestra Señora de Loreto se destacó su gran biblioteca y por poseer la primera imprenta en los suelos sudamericanos.

Santa María La Mayor desde 1984 conforma parte del Patrimonio de la Humanidad junto a los demás establecimientos jesuitas y fue nombrado Monumento histórico en 1945. Las ruinas de sus edificios se conservan en perfecto estado.

Las Ruinas Jesuíticas invitan a un viaje a través del tiempo. La historia se hace palpable y se vuelve inevitable pensar en qué hubiera pasado si los jesuitas hubieran permanecido en estas tierras.